FabulAnna
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«Puerto Luciérnaga», un cuento de 9 a 12 años

Iria dibuja mapas de sitios que todavía no existen. Una noche dibuja un faro y, a la mañana siguiente, el faro está detrás de su pueblo, con un mar nuevo y un barco de papel perdido en la niebla. Pero se le olvidó dibujar la luz. Lo inventamos en una prueba de la app con «Lince», un perfil de prueba de 9 a 12 años: con esa edad el peque puede escribir casi todas las ideas con sus palabras, y FabulAnna interviene lo justo.

Iria, una chica con coleta y camiseta amarilla, mira desde lo alto del faro un mar nuevo cubierto de niebla
Página 1 · ilustración hecha con IA, en estilo anime

El texto y los dibujos

El cuento entero

Ocho páginas, con el doble de texto que el cuento de 6 a 8 años. En amarillo, algunas de las cosas que escribió Lince tal cual. Debajo de cada dibujo pone quién lo ha hecho.

  1. Iria, de espaldas en la barandilla del faro, mira el mar y la niebla
    Ilustración hecha con IA
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    Iria tenía once años y dibujaba mapas de sitios que todavía no existían. Aquella noche, con el lápiz casi gastado, trazó un faro en mitad del desierto, alto y delgado como una pregunta.

    A la mañana siguiente se asomó a la ventana y se frotó los ojos. El faro estaba allí, detrás de su pueblo, de verdad.

    —No puede ser —susurró.

    Pero lo era, así que echó a correr y subió los peldaños de dos en dos. Crujían bajo sus zapatillas. Arriba, el aire olía a sal.

    Entonces vio lo que ningún mapa suyo había prometido: un mar que el día anterior no estaba, extendido hasta el horizonte. En la niebla flotaba un barco de papel, perdido, porque la luz del faro seguía apagada.

  2. Iria, dentro del faro, mira el cuaderno junto a la ventana; fuera flota el barco de papel
    Ilustración hecha con IA
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    Iria rebuscó en el fondo de la mochila y sacó una caja de cerillas, medio aplastada. Frotó una contra el lateral y la llama prendió, pequeña y valiente.

    —¡Aguanta, por favor! —murmuró.

    Pero la niebla estaba tan cargada de humedad que la llama tembló, se encogió y se apagó. Abajo, el barco de papel seguía dando vueltas, sin encontrar el puerto.

    Así que Iria buscó la lámpara del faro. Dio una vuelta entera a la sala, tocó las paredes, miró detrás de la escalera. Nada. Entonces lo comprendió: al dibujar el faro se había olvidado de pintar la luz.

    —Pues la dibujaré ahora —dijo, sacando el cuaderno.

    Pero el lápiz, gastado de tanto trazar mapas, había perdido la punta. Y el sacapuntas, claro, se había quedado en casa.

  3. Iria, en la orilla, ata con un hilo una lucecita al barco de papel
    Ilustración hecha con IA
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    Iria miró a su alrededor y vio una piedra rugosa en el alféizar de la ventana. La frotó contra el lápiz, raspa que raspa, hasta que la madera soltó virutas. La punta volvió, fina como una aguja.

    —¡Ahora sí! —dijo.

    Dibujó una lámpara enorme, redonda, resplandeciente. Pero la niebla mojó el papel y la tinta se corrió como una nube de lluvia. Solo quedó una lucecita, del tamaño de una luciérnaga.

    Iria se quedó callada un momento. Después sonrió: pequeña o no, aquella luz brillaba.

    Bajó corriendo hasta la orilla, sacó un hilo de la mochila y colgó la lucecita del barco de papel. Así que, cuando el barco se alejó entre la bruma, la luz se fue con él. Juntos empezaron a buscar el puerto, y la lucecita bailaba sobre la niebla.

  4. Iria abraza el cuaderno empapado junto al barco; a lo lejos se ve el faro entre la niebla
    Ilustración hecha con IA
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    La lucecita colgada del hilo alumbraba apenas la proa del barco, y más allá no había nada. La niebla se espesaba a cada momento, como una sopa gris.

    —Así no llegaremos nunca —murmuró Iria.

    Tomó aire, hinchó las mejillas y sopló con todas sus fuerzas. Poco a poco se abrió un hueco en la bruma. Por fin el barco de papel pudo ver más allá de su proa.

    Pero el alivio duró lo que un suspiro. El hueco se cerró y todo volvió a ser gris.

    Iria alzó la vista y lo comprendió: a lo lejos, entre la bruma, se adivinaba el faro. Una luz pequeña no bastaba. Hacía falta la grande, la que se ve desde muy lejos.

    Llevó el barco hasta la orilla, apretó contra el pecho el cuaderno empapado y volvió a subir la escalera del faro.

  5. Iria, sentada en el suelo del faro, despliega un mapa viejo junto al barco de papel
    Ilustración hecha con IA
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    Arriba, junto al hueco donde tendría que estar la lámpara, Iria abrió el cuaderno empapado. Las hojas se pegaban unas a otras. Entonces, entre dos de ellas, asomó un papel doblado que no recordaba haber guardado.

    Lo desplegó con cuidado. Era un mapa, el primero que había hecho del faro, con un caminito de dibujos que llegaba hasta el puerto. Y en lo alto de la torre había un hueco en blanco, justo donde tenía que ir la luz.

    —¡Se me olvidó pintarla desde el principio! —susurró.

    Acercó el lápiz, pero el papel estaba tan mojado que la punta lo rasgó. Iria apartó la mano de golpe. Tendría que esperar.

    Miró la lucecita, que había vuelto con el barco y temblaba como una luciérnaga. Era pequeña, pero daba calor. Iria le acercó el mapa, y poco a poco el papel empezó a secarse.

  6. Iria dibuja la luz en el mapa y la lámpara del faro se enciende detrás de ella
    Ilustración hecha con IA
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    Cuando el papel se secó del todo, crujió suave entre sus dedos. Iria lo guardó en el bolsillo y subió los últimos peldaños hasta lo más alto del faro. Allí sacó la piedra y afiló el lápiz otra vez, despacio, muy despacio, para que la punta no se quebrara.

    Antes de dibujar, se asomó a la ventana. Abajo, entre la niebla, el barco de papel esperaba con la lucecita temblando en la proa.

    —Aguanta un poco —murmuró.

    Respiró hondo y apoyó la punta en el hueco en blanco de la torre. El trazo avanzó sin rasgar nada, y poco a poco la luz que faltaba fue llenándose de líneas. Cuando Iria cerró el último círculo, la torre tembló. Una lámpara enorme empezó a girar y lanzó un rayo largo, dorado, que atravesó la niebla como un puente. Abajo, el barco de papel vio por fin el camino.

  7. Iria dibuja en su cuaderno, de pie en un muelle de madera, mientras llega el barco de papel
    Ilustración hecha con IA
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    El rayo guió al barco de papel entre la niebla, que se abría a su paso como una cortina. Iria lo siguió con la lucecita temblando en la proa, sin soltar el hilo. Poco a poco, la bruma se deshizo. Apareció un muelle vacío, sin casas y sin nombre. Era como los sitios de sus mapas que todavía no existían. Iria lo miró largo rato, con el corazón latiendo fuerte. Después sacó el cuaderno, dibujó aquel muelle y le puso nombre: Puerto Luciérnaga. El barco de papel atracó por fin, suave como un suspiro.

  8. Iria se asoma a una ventana redonda del faro; abajo, el barco de papel descansa junto al muelle
    Ilustración hecha con IA
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    El barco de papel rozó por fin el muelle vacío, sin casas y sin nombre, y se quedó quieto, como quien suspira. La lucecita de la proa parpadeó una vez y se apagó, contenta.

    Iria bajó despacio con el cuaderno todavía tibio. Se sentó al borde del muelle, abrió una página nueva y empezó otro mapa. Esta vez, antes que nada, dibujó la luz.

    —Así no se le olvidará a nadie —murmuró.

    Después trazó una ventana en el faro, pequeña y redonda, para poder ver siempre quién llegaba. Subió una vez más los peldaños, que crujieron como viejos amigos, y se asomó. Abajo, el barco de papel cabeceaba junto al muelle, y más allá la niebla se deshacía en hilos de plata.

    Iria sonrió. Los sitios que todavía no existían ya no le parecían tan lejanos.

    En el mapa nuevo, alguien esperaba una luz.

Cómo se hizo

Quién hizo qué

Lince decidió 29 veces, y 21 de ellas escribió su propia idea con «¡Tengo una idea!» en vez de elegir una de las tres opciones. De 9 a 12 años, las opciones de FabulAnna son sugerencias discretas y el peque puede llevar el cuento.

Suyos son el faro que aparece, la luz que se le olvidó dibujar, el lápiz sin punta, la lucecita del tamaño de una luciérnaga que acaba secando el mapa y el nombre del puerto. FabulAnna, la IA de la app, le preguntó en cada turno, escribió cada página con sus ideas y sus palabras e hizo las ilustraciones.

  1. 29decisiones
    Las de Lince

    Hasta 4 por página, que es lo que toca de 9 a 12 años.

  2. 80-170palabras
    Por página

    Con diálogos, vocabulario más rico y algo de intriga.

  3. 3intentos
    Antes de encender el faro

    La cerilla, la lámpara dibujada en papel mojado y soplar la niebla. La solución sale de lo que Iria sabe hacer: dibujar.

  4. 1vuelta
    Al principio

    El cuento acaba donde empezó, en sus mapas, pero algo ha cambiado: ahora dibuja la luz lo primero.

Es un cuento de ejemplo: Lince es un perfil de prueba de la app, con un apodo como los que llevan los niños en FabulAnna, e Iria es un personaje inventado. El texto y los dibujos salieron tal cual de la app.

El siguiente cuento lo inventa tu peque.

El primer cuento, gratis y sin tarjeta.

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